En la peligrosa carrera hacia la era digital, nos vemos envueltos en la dicotomía de dejarnos seducir por asistentes virtuales, dispositivos esclavos que nos están esclavizando, o anular cualquier interferencia con nuestra naturaleza humana y seguir anclados al mundo analógico.
De cualquier manera, actualmente, dependemos de dispositivos digitales para hacer más práctica la vida en civilización aunque para ello estemos anulando nuestro olfato natural de supervivencia.

Usamos auriculares cada vez más integrados al oído que nos entretienen o enseñan, pero que también anulan la percepción auditiva para prevenir peligros. O, peor aún, NO usamos auriculares si no el altavoz que deja expuesta nuestra privacidad, al tiempo que invade la privacidad de otros.
Adoptamos una postura encorvada para visionar algún contenido multimedia, aunque para ello seamos propensos a padecer de contracturas y a anular el sentido de la vista, que nos vincula a otro ser humano.
Y ni hablar del contenido en REDES SOCIALES DIGITALES que, al tiempo que nutren pueden volverse un arma de doble filo.
La sobreexposición a este tipo de estímulos crea una gran dependencia a estar siempre actualizados, pendientes de lo que pasa, esperando algo fresco qué criticar para que al final el sobreexpuesto quede tan exhausto que adquiera síndromes depresivos, irascibles hostiles contra el mundo que le rodea porque , siempre, por las máquinas que tengamos, nuestros genes nos hace pedir interacción con otro humano.

El futuro ante LA ERA DIGITAL se avista con la cooperación y no con la intoxicación. Con la interacción humano a humano a través de las manos y no a través del código binario y, sobre todo, a la acción efectiva de barreras que eviten enfermedades por la dependencia de los dispositivos digitales.
